
EDITORIAL DE EL UNIVERSAL
10 de mayo de 2007

Por si algo nos faltara, a las graves amenazas a la paz social
que representa la acción desbordada de nacionales dedicados al narcotráfico se
añade la presencia en territorio mexicano de una oficina de reclutamiento de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, relacionadas en su país
con el tráfico de estupefacientes y en Estados Unidos con actividades
terroristas.
La revelación fue hecha por el vicepresidente colombiano,
Francisco Santos, en una entrevista con EL UNIVERSAL. Conscientes del interés
de ese gobierno de aplastar a un adversario que busca instaurar allá un régimen
bolivariano de izquierda -cualquier cosa que ello signifique-, debemos sin
embargo tomar con seriedad la denuncia e instar a las autoridades mexicanas a
informar qué medidas están tomando sobre el particular.
Creadas en 1964, las FARC han derivado de guerrilla a una
organización que reconoce buscar financiamiento en el narcotráfico y el
secuestro para llevar a cabo sus actividades ideológicas.
Después del 11 de septiembre del 2001, el Departamento de Estado
de Estados Unidos la incluyó en la amplia lista de organizaciones con
denominación de terroristas. Esto la hace blanco de una acción coordinada
internacionalmente para restringir sus alcances.
A pesar de ello, ahora pretende exportar la revolución. Por lo
que a México respecta, el principio de no intervención debería aplicarse por
doble vía: nosotros no nos metemos en asuntos ajenos y no debería nadie aspirar
a tener injerencia en los nuestros.
De acuerdo con el vicepresidente Santos, las FARC subsidian a través de
la Coordinadora Continental Bolivariana, capítulo México, a grupos radicales de
izquierda, y realiza trabajos de reclutamiento entre jóvenes estudiantes en el
DF, Guadalajara, Monterrey y Toluca.
Hay en ello un abuso del clima de libertad y tolerancia que
enhorabuena existe en las universidades nacionales y de la autonomía que gozan
en su régimen académico.
Una estrategia asaz desorientada, y más propia de los años 60
que de la actualidad, puede ocasionar problemas.
Parte de la izquierda en el subcontinente ha evolucionado hacia
la modernidad con inteligencia y llegado al poder por las vías legítimas. Esa
es la que hay que emular.
La agenda de las FARC no es nuestra, y amenaza no sólo a un país
amigo, con el que tenemos relaciones bien consolidadas, sino a nosotros mismos,
y a Estados Unidos en su doble vertiente de droga y terrorismo.
La convivencia nacional está bastante convulsionada como para
permitir que lo que ha denominado en su país de origen como narcoguerrilla
venga a enrarecerla.
Tierra de asilo, país de brazos abiertos con una larga tradición
de hospitalidad para los perseguidos, de respeto a cualquier ideología, México
siempre fue cuidadoso de no importar luchas revolucionarias, sino brindar apoyo
a quien lo necesitara. Absurdo pensar en alterar esa larga tradición que
benefició en los dos sentidos.
Hay que considerar un abuso a esa hospitalidad si alguien empeñara en entorpecer nuestros esfuerzos por alcanzar consensos y recuperar espacios al narcotráfico.
