Abuso de la hospitalidad de Costa Rica

El 2006 terminó con un torrente de expulsiones. Individuos con nacionalidad colombiana. Muchos de ellos sospechosos de estar relacionadas con el principal cartel de las drogas colombiano las Fuerzas Armadas "Revolucionarias" de Colombia (FARC).

El Ministro de Seguridad Pública Fernando Berrocal no ahorró palabras para explicar la expulsión inminente de más de media docena de colombianos no gratos: “Constituyen un peligro para la seguridad nacional y no los queremos aquí”.

1459910_0.jpgEn diciembre del 2006, agentes de la Fuerza Pública realizaron el mayor decomiso de armas de los últimos 30 años. El material confiscado a la banda colombiana incluía: 15 fusiles de asalto M-16, 14 fusiles de asalto AK-47, más de 60.000 cargas de munición, junto con pistolas y granadas propulsadas por cohetes de procedencia rusa. Los oficiales de seguridad creen que las armas fueron robadas en Nicaragua y estaban destinadas a los rebeldes de las FARC, en Colombia.

El mismo día de la confiscación de las armas, la policía arrestó a otros colombianos junto con dos cómplices locales, por contrabandear 600 kilos de cocaína. Las drogas, encontradas en un microbús que viajaba por Puntarenas, estaban destinadas al pago de las armas contrabandeadas.

Algunos días después, las autoridades detuvieron una lancha en la región de Palo Seco. Llevaba otra carga de fusiles de asalto, así como también cerca de una tonelada de cocaína, Una vez más, se arrestó a ciudadanos colombianos. También una vez más, las FARC aparecen como una fuente para el intercambio de drogas por armas. Dos de los sospechosos colombianos fueron deportados de inmediato.

 

1457225_0.jpgEn el mismo momento, un oficial de las FARC, que aparentemente pasó años supervisando el tráfico de armas y cocaína a través de Costa Rica, terminó bajo custodia en Colombia. Héctor Orlando Martínez fue entregado a las autoridades colombianas. Agentes de la Dirección de Inteligencia y Seguridad, junto a oficiales de Interpol, lo habían arrestado, en agosto de 2006.

El oficial de las FARC había vivido en Puntarenas durante años. Poseía un permiso de residencia, gracias a un matrimonio por conveniencia con una costarricense. Sin embargo. Todavía restan algunas dudas con respecto a su status como residente legal. Martínez ya tenía un registro criminal en Colombia. Un dato que debería haber aparecido incluso en la investigación más básica.

A pesar de adoptar la personalidad de un pescador de Puntarenas, Martínez viajaba mucho al exterior, supuestamente para verificar las operaciones de contrabando de las FARC.

Martínez y otros miembros del frente 48° de las FARC atacaron el poblado de Bojaya, en el Departamento de Choco. Cuando los pobladores buscaron refugio en una iglesia, los rebeldes de las FARC volaron la iglesia. Murieron en la acción ochenta y cuatro civiles, incluyendo 46 niños, y hubo 100 heridos más.

Otro residente extranjero con reputación de asesino fue expulsado de Costa Rica en diciembre pasado. Jaime Humberto Restrepo, un ciudadano canadiense de nacionalidad colombiana, fue devuelto a Toronto. Restrepo enfrenta cargos por el asesinato del colombiano Mauricio Castro, en Toronto. Los investigadores canadienses creen que tanto el asesino como la víctima eran traficantes de drogas y estaban relacionados.

Como Martínez, Restrepo vivía en Costa Rica desde los años 1990. También como Martínez, Restrepo viajó frecuentemente, probablemente para supervisar las operaciones relacionadas con la cocaína. Se considera que está relacionado con numerosas organizaciones de traficantes de Colombia y de otros países Latinoamericanos. No se sabe si él también era un miembro de las FARC o si simplemente cooperaba con los narcotraficantes de las FARC.

Como Martínez, Restrepo ha permanecido en custodia en Costa Rica durante varios meses antes de su extradición. Fue arrestado en julio. Policías fuertemente armados rodearon su casa en Palmares de Alajuela pero lo arrestaron sin realizar ningún disparo.

Además de promover la violencia en otros países, algunos de los residentes extranjeros de Costa Rica contribuyen con los crímenes relacionados con las drogas en el país que los acoge. Incluyendo las drogas decomisadas en Palo Seco, en diciembre pasado, el volumen total de cocaína confiscada en el 2006 alcanza las 20 toneladas.